Marketing

¿Cómo que las historias no venden?

¿Quién puede decir eso?

Sin duda es el principio de tu relación con el cliente. Y eso, amigo es muy importante.

Si hay algo importante para las marcas de perseguir de forma casi, no, contínua, eso es el engagement con sus clientes, esa vinculación que los hace sentirse parte de la marca, y por eso tratan a todas luces de conseguir que se conviertan en amantes, defensores y, por supuesto, prescriptores de la marca, de forma que no sea nadie más que ellos, los usuarios que están alrededor de la marca, los que la promocionen, pues, no hay duda de que la publicidad más efectiva que una marca puede tener es la que se hace directamente, con el boca a boca.

El engagement es algo complicado de conseguir a priori, pero no hay nada tan efectivo para ello que atacar directamente a la emoción del usuario y a sus sentimientos, y nada mejor para conseguirlo que contarle una buena historia con la que consigamos que el cliente se sienta vinculado, por emoción, al producto o servicio que nosotros le proporcionamos: es la táctica más antigua del mundo, crearle una necesidad a través de la identificación del cliente con el producto.

Y esto es lo que consigue el storytelling.

Es lo que nos emociona y nos conecta con otros seres humanos, lo que nos hace sentirnos especiales, ya sea por recordar o evocar una vivencia, un sentimiento, una experiencia… siempre hay una historia detrás de todas las cosas o personas, y si eso no es así, siempre podemos inventarla.

Los sentimientos son los mejores aliados del storytelling, ya que es lo que nos empuja a tomar una u otra decisión, y es importante que nuestra historia, creada para satisfacer sus necesidades, que, por otro lado hemos creado nosotros (o al menos, deberíamos hacerlo) guíe al cliente hacia la decisión de adquirir nuestro producto.

Nuestra marca debe ser el estímulo que haga al cliente decidirse por nuestro producto, creándole la necesidad de probarlo, algo que conseguirá nuestra historia si realmente les toca en la fibra sensible, en la emoción.

Esa emoción puede mover al usuario, hacer que quiera saber más del producto o del servicio, por lo que debemos de poner al alcance del usuario un lugar donde obtener más datos, con lo que conseguiremos más tráfico para nuestra web.

Pero este sólo es el primer paso, una vez hayamos atraído al cliente es necesario seguir seduciéndole, proporcionándole continuamente los estímulos necesarios para que el usuario siga con la intención de adquirir nuestro producto, y, si logramos que el cliente se haya sentido satisfecho durante todo el proceso de compra, será él mismo quien difundirá las virtudes y las excelencias de nuestro producto o servicio.

Nuestra historia tendrá un efecto viral más que considerable. ¿Quién dijo que las historias ya no venden?

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