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Cuando Carrie Bradshow calzaba Manolos: product placement en la televisión

 Cuando Carrie Bradshow calzaba Manolos: product placement en la televisión. Fue uno de mis profesores de la universidad el que me sacó del ensueño de glamour de “Sexo en Nueva York” hablando de product placement. Hasta entonces, no veía más que a una estilizada Carrie Bradshow agitando bolsas con logotipos de Prada y hablando de sus zapatos (Manolo Blannik).

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“Sexo en Nueva York” es una serie mítica, y no sólo por su temática, sino porque hay capítulos enteros en que se habla de marcas y productos, muchas veces, como leit motiv: recuerdo uno de ellos en el que a Carrie le roban los zapatos: se desprende con facilidad de su bolso, de sus joyas, y el ladrón, muy neoyorquino, le pide “los Manolos”. Al grito de “¡Me ha robado mis Manolos!” la columnista trata de perseguirle, sin éxito. Aunque la marca queda muy bien parada.

Como este ejemplo, se pueden citar cientos en la serie: no hay capítulo en el que las marcas no tengan un lugar protagonista, y la exposición del producto (zapatos, ropa de lujo, un ordenador Mac en el que Bradshow escribe sus artículos en cada capítulo, etc) está perfectamente integrada en este ambiente de glamour neoyorquino.

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No es la única serie en la que se puede ver una perfecta integración de las marcas: citemos Mad Men, serie, para más inri, sobre una agencia de publicidad de los años 50. En uno de los primeros capítulos, se habla sin pudor de la marca de tabaco Lucky Strike, ya que Don Drapper, el publicista protagonista, les lleva la campaña. En otro capítulo, la esposa de Drapper, una bellísima rubia, hace un casting para ser la imagen de Coca-Cola.

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“Modern Family” nos ha mostrado a un Phil Dumphy muy deprimido el día de su cumpleaños porque no había conseguido el último iPad que salía ese día al mercado. Tal es el entusiasmo de este personaje por el dispositivo que dice: “ Es un cine, una librería, y una tienda de música; todo ello unido en un increíble iPad. Es como si Dios y Steve Jobs se hubieran unido para decir: “Te queremos Phil”.
No obstante, estas intrusiones, en los casos mencionados, se hacen de forma elegante: el producto o la marca forman parte importante de la ficción: “Sexo en Nueva York” no se concebiría sin Manolos, Mad Men necesita marcas y productos reales para apoyar su trama, y el tecnológico Phil Dumphy bien merece un iPad.

Atrás han quedado las un tanto burdas exposiciones de productos lácteos en la mesa de la cocina, a la hora del desayuno: un recurso muy manido en la ficción española, en la que “Médico de Familia” se recreaba con planos interminables a los zumos de Pascual. Uno llegaba a pensar que en esa casa sólo desayunaban.

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Me cuadra que los algo frikies protagonistas de The Big Bang Theory jueguen al Mario Kart. No me cuadra tanto, por ejemplo, que en Los Serrano beban siempre Coca-Cola, incluso que hagan un mal remake de su anuncio “Enamorada”. O que en Crónicas Vampíricas se hable del Ford Fiesta. (¿Qué le interesa a un vampiro las prestaciones de un coche?)

Hay product placement y product placement. Casos en que el producto se integra como parte de la trama, y otros en que lo meten con calzador.

Y tú, ¿qué casos de Product Placement recuerdas?

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