Conceptos

La importancia de la planificación de los contenidos

Crear contenidos no es algo que debamos hacer a la ligera, puesto que los contenidos deben responder a un objetivo, que, sin una hoja de ruta y una planificación adecuada no se conseguirán alcanzar.

Para realizar esta planificación debemos tener en cuenta tres aspectos fundamentales:

  1. Cuál es nuestro público objetivo.
  2. Cómo esperamos que los usuarios interaccionen con nuestro contenido.
  3. Qué queremos lograr con esa pieza.

Conocer a nuestro público objetivo es fundamental para realizar la planificación, ya que no podemos pensar en qué vamos a escribir sin saber para quién lo vamos a hacer. Obviamente, no es lo mismo escribir sobre mecánica, por ejemplo, para personas que son neófitos en la materia, que para personas que ya tienen conocimientos. El nivel de profundidad o de complejidad de la pieza jamás puede ser igual para uno que para otro, y, si no somos capaces de satisfacer las expectativas de los usuarios que van a consumir nuestro contenido, éste no será efectivo, no logrará cumplir su objetivo, y, por ende, no obtendrá los resultados deseados.

Por otro lado, si conocemos de antemano cuáles son los gustos de nuestra audiencia y sabemos qué necesidades tienen, nuestro contenido podrá ajustarse a las mismas y, por lo tanto, seremos relevantes.

Tenemos que considerar cómo queremos y esperamos que los usuarios interaccionen con nuestro contenido. Debemos decidir cuál es la reacción que queremos provocar en nuestro usuario: si queremos que lo compartan, que lo descarguen o que lo comenten, o si queremos que los usuarios se registren en nuestra web, es decir, debemos establecer y definir objetivos que nos lleven a planificar los contenidos.

Los objetivos son otro factor que debemos considerar, uno de los más importantes ya que definen la estrategia a seguir. Ello depende en gran parte de en qué fase del proceso de branding nos situemos, por ejemplo, si están en la fase de “conocimiento de la marca”, nuestro contenido debe ir enfocado a precisamente eso, darnos a conocer, que puedan ver qué hacemos y cómo lo hacemos, mientras que si el usuario ya nos conoce y ya ha adquirido nuestro producto o servicio, nuestro contenido debe ir más en la línea de fidelizarlo y de darle razones para que siga contando con nosotros, algo que, por otro lado, no es fácil, puesto que el usuario, por definición, es alguien que viene a nosotros porque tiene una necesidad, y, como su mismo nombre indica, nos “usa” y, si ya no le somos de utilidad, nos abandona.

Además de todo lo anterior, debemos definir de forma muy certera qué contenidos irán en qué medios y cuál es el plazo para su publicación, así como quién creará esos contenidos. Para conseguirlo es muy útil crear un calendario editorial.

Una vez hemos definido todos los parámetros anteriores y hemos creado nuestra hoja de ruta, por la que nos regiremos a la hora de crear nuestros contenidos, es hora de ponerse manos a la obra. Es hora de plasmar ideas en contenidos.

Para ello, lo primero que haremos será establecer las ideas fundamentales que queremos comunicar y definir cuál será el hilo argumental de nuestra exposición, dependiendo, por supuesto, del tipo de contenido del que se trate, ya que no es lo mismo crear un vídeo que una infografía.

Una vez hemos decidido las ideas que queremos comunicar, debemos asegurarnos de crear párrafos cortos, intentando incluir una idea fundamental en cada uno de ellos, utilizando siempre un tono y un lenguaje adecuado a la audiencia, huyendo siempre de artificios y vulgarismos, y adoptando un estilo claro y directo.

No debemos olvidar que un buen contenido nos ayuda a conseguir visibilidad, por lo que debe estar optimizado adecuadamente para el posicionamiento en buscadores, utilizando los elementos básicos de SEO como pueden ser las palabras claves, los atributos de imagen, o el title de la entrada (ojo, no confundir con el título de la entrada).

En todo caso, deberemos asegurarnos de que nuestro texto es coherente y que las ideas que se presentan y argumentan en él fluyen adecuadamente, que una conduce a la otra, y que es fácilmente legible y comprensible. No olvidemos que si el lector lo encuentra difícil de consumir o aburrido, lo abandonará rápidamente y no continuará con su lectura.

Una vez tenemos escrito y desarrollado el artículo y una vez nos hemos asegurado de que está todo correcto, es hora de sacar nuestro lado más creativo para crear un buen título, un título que enganche y que sea descriptivo de lo que el usuario va a encontrar.

Hay que tener en cuenta que un título es una promesa, y debe reunir a partes iguales creatividad y sinceridad, es decir, debe llamar la atención y ser capaz de transmitir la idea general del artículo.

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